viernes, 25 de febrero de 2011

El Inglés como mi segunda lengua

Traducción del resumen de una ponencia para el West Coast Methods Institute
Loyola Marymount University, Los Ángeles, California, 30 de abril de 2011*
Cada movimiento que haces sobre el escenario, cada palabra que dices, es un resultado de la vida correcta de tu imaginación. Si dices algunas líneas, o haces cualquier cosa, mecánicamente, sin darte cuenta profundamente de quien eres, de dónde vienes, porqué, qué es lo que quieres, a dónde vas, y qué harás cuando llegues ahí, tú has estado actuando sin imaginación.(1)

La tesis central de la ponencia es que la retroalimentación lingüística(2) sugiere cambios en la significación simbólica, lingüística e encarnada, cambios en la diaria caminata por la calle y en la diaria plática de la calle, así como en la caminata académica y plática académica, cambios que inicialmente parecerán solo juegos, pero que finalmente terminaran permitiendo que yo descubra quién soy, de dónde vengo, qué quiero y a dónde voy.(3) Mis maneras de acercarme a mis estudiantes, mis amigos, mis colegas, mis lectores y a mí mismo, en la pizzería, en impresos, en lugares de “alta educación”, ¡en cualquier lugar!, están evolucionando y continuaran evolucionando, mientras los buenos, hermosos y eficientes medios “encuentren entrada en las mentes y corazones de los hombres de todas las culturas y clases.”(4)

Hay tres superposiciones de contextos para este documento. El primer contexto son los preceptos conversacionales implícitos en los estudios del Verbum: Word and Idea in Aquinas de Bernard Lonergan (1904-1984). En la actividad de realmente hablar y realmente escuchar, a menos que se oscurezca por un engaño, la intención de búsqueda de la verdad de la conversación y el diálogo Socrático, que es una manera de entender el intelecto humano como una potens omnia facere et fieri, estará presente. Éste escuchar y hablar podrá ser práctico y teorético, pero no siempre deberá ser lingüístico.

La verdadera conversación de la que hablo necesita no ser lingüísticamente reveladora de las alegrías y tristezas profundas de aquellos que se convierten. También pueden ser del tipo de conversación que Georg Simmel discute in su “Sociología de la sociabilidad” donde los amigos fluyen en las conversaciones sin propósitos, o la conversación como la intimó Rainer Rilke en sus palabras: “el amor consiste en esto, que dos soledades se unen y se saludan una a la otra."(5)

Un segundo contexto es mi experiencia como un maestro ISL (Inglés como Segunda Lengua) en México. Las expresiones idiomáticas, dobles y triples significados, significados locales abundan en cualquier lenguaje, y no es suficiente con memorizar, uno tiene que vivir dentro del lenguaje para fluir espontáneamente. Los hablantes nativos del inglés no piensan dos veces para usar expresiones como “hit the ceiling” o “what’s up?”, pero los estudiantes de inglés como segunda lengua luchan para apropiarse de esas expresiones adhiriéndose a la seguridad de su lengua materna y de manera espontanea aterrándose a dar el “salto” que amenaza con su propia identidad.(6) Yo hago una afirmación análoga, diciendo que la retroalimentación lingüística también es un salto, no cruzando una lengua materna, pero cruzando los patrones viciosos de las conversaciones diarias entre la lengua materna.

Un tercer contexto es mi experiencia dando clases de ética a estudiantes mexicanos queriendo conseguir una licenciatura, algunos de ellos que están interesados en la “filosofía tradicional”(7) otros que no. El principal desafío que enfrento es lograr intimar con ellos e invitarlos al crecimiento, a subir la cuesta, de manera individual y comunal, esa cuesta implícita en el fantástico y cosmopolítico reclamo que nos da la primera función de la filosofía, que es “promover una auto-apropiación que vaya a las raíces de las diferencias filosóficas” mientras que su función secundaria es “distinguir, relacionar, y fundamentar los diversos campos de la significación, no menos que la de fundamentar los métodos de las ciencias y promover su unificación.”(8)

*http://www.sgeme.org/Articles/sgeme-019-english-as-my-second-language-by-james-gerard-duffy.pdf

___ Notas ___
(1) Constantin Stanislavski, An Actor Prepares, traducido por Elizabeth Reynolds Hapgood, Routledge, New York, 1964, 71. Citado en P. McShane, “The Liberal Arts as Core of Future Science, Part 2,” Bridgepoise 10, http://www.philipmcshane.ca/bridgepoise-10.pdf. "Traducción libre del autor del texto publicado en inglés. La cita original dice: Every movement you make on stage, every word you speak, is a result of the right life of your imagination. If you speak any lines, or do anything, mechanically, without fully realizing who you are, where you came from, why, what you want, where you are going, and what you will do when you get there, you will be acting without imagination."
(2) "En un nivel más elevado del desarrollo lingüístico, la posibilidad de la intelección se realiza mediante una retro-alimentación lingüística, expresando la experiencia subjetiva en palabras y reconociendo que es subjetiva." Bernard Lonergan, Method in Theology, New York, Seabury Press, 1972, p. 88, nota #34. Traducción libre del autor del texto publicado en inglés. La cita original dice: "At a higher level of linguistic development, the possibility of insight is achieved by linguistic feed-back, by expressing the subjective experience in words and as subjective."
(3) El gran problema es interpretar la palabra “inicialmente.” ¿Por cuánto tiempo el lenguaje del ciclo amplio ha estado declinando? ¿Cómo podrían los portadores de significado inclinarse hacia el progreso?
(4) Method in Theology, 133. Traducción libre del autor del texto publicado en inglés. La cita original dice: “find access into the minds and hearts of men of all cultures and classes.”
(5) Philip McShane, Lonergan's Challenge to the University and the Economy, pp. 137-138. Traducción libre del autor del texto publicado en inglés. La cita original dice: “The real conversation of which I speak need not be linguistically revelatory of the deep joys and sorrows of those who converse. They may also be of the type of conversation which Georg Simmel discusses in his "Sociology of Sociability" where friends flow forth in purposeless speech, or such conversation as is intimated by Rainer Rilke's words: "love consists in this, that two solitudes guard and bind and greet one another."
(6) H. Douglas Brown, Principles of Language Learning and Teaching, New York, Pearson, 2007, p. 70. La literatura del proceso de enseñanza-aprendizaje del lenguaje reconoce una “ego-lengua” del estudiante que está luchando por encarnar una segunda lengua. Para los niños el “ego-lengua” es dinámico, flexible y esto cambia por la edad de la pubertad. Hay un sentido en el que aprender una nueva lengua no es una amenaza, la adaptación y la asimilación ocurren relativamente fácil. En el pasaje que cite, el autor remarca que en el proceso de aprender una lengua “tendrás que hacer el ridículo en el contexto en donde te desarrolles, para a prueba y error luchar para hablar y entender un idioma extranjero” (ibid). “Hacer un salto a una nueva o segunda identidad no es un asunto sencillo” (Ibid). Traducciones libres.
(7) Aquí “tradicional” simplemente se refiere a las divisiones estándar, es decir cursos, conferencias, diarios, seminarios o talleres que se enfoquen en filósofos individuales (Platón, Hegel, Lonergan, et al), areas (lógica, epistemología, ética, estética, metafísica), corrientes o tendencias (empiristas británicos, fenomenología, tomismo trascendental), periodos (antiguos, medieval, moderno, postmoderno), o alguna mezcla de los mismos (la ética de la virtud Aristotélica, la ética deontológica Kantiana, la ética del otro de Levinas, etc.).
(8) Method in Theology, p. 95. Traducción libre del autor del texto publicado en inglés. La cita original dice: “to promote the self-appropriation that cuts to the root of philosophic differences and incomprehensions … distinguishing, relating, grounding the methods of the sciences and so promoting their unification.”

viernes, 10 de diciembre de 2010

"Happy Christmas"


So this is Christmas
And what have you done
Another year over
And a new one just begun
And so this is Christmas
I hope you have fun
The near and the dear ones
The old and the young
(“Happy Christmas,” John Lennon and Yoko Ono)

Entonces, esto es la Navidad… y ¿qué has hecho? ¿Qué he hecho? ¿Qué hemos hecho? Otro año ya pasó… no puedo creerlo.

¿Qué he hecho? He trabajado menos (¡excelente noticia!)… con la ayuda de una alumna LHCS, he terminado la traducción de Introducing Critical Thinking (publicación principios de 2011)… he lanzado este blog spot y estoy colaborando con colegas en DF, Puebla y Bogotá en lanzar un sitio internet “Lonergan en Latinoamérica”… he vuelto a dar talleres a maestros de inglés… he sobrevivido otro semestre académico…

Y a ti, ¿cómo te fue el año pasado? ¿Has aprendido algo nuevo? ¿Cómo ha cambiado el "todo" lo que conoces, esperas, sueñas, amas, quieres y anhelas, eso todo que “está de una manera en ti … está presente y operativo … pero está oculto tras bambalinas.” (Insight, 342) ¿Te has vuelto un desconocido comparado con el tú del año pasado? ¿Cómo ha crecido el bebé? ¿Cuál bebé? “You and me, baby.”

Cuando tenía 21 años trabajaba como un “dorm counselor” (un alumno de tercer año que vive en el dormitorio con alumnos de primero y segundo año y que es responsable de mantener el “bien de orden,” ja, ja, ja) en la Universidad Loyola Marymount, Los Ángeles, donde hice la licenciatura. La directora nos puso un trabajo para las vacaciones de Navidad, se llamaba un “growth contract,” es decir un compromiso para crecer. Cada quien tuvo que definir su compromiso de ampliar su horizonte. Escogí coser una chaqueta de plumones en la máquina de coser de mi mamá. La chaqueta me salió más o menos. Todavía puedo recordar la máquina, los pedazos de material, las bolsas de plumones y el lugar de la casa donde cumplí mi compromiso. Quién sabe que pasó con la chaqueta, pero supongo que en un lugar u otro hay una foto del joven James estrenando orgullosamente su chaqueta azul.

¿Qué haces en las vacaciones para crecer y volverte un desconocido? ¿Presionas el botón “pausa” para leer, ver unas películas, reflexionar y recordar? En una semana volaré del D.F. a Philadelphia para estar con mis hermanas, cuñados y sobrinos. Arreglaremos los adornos en el árbol de Navidad, escucharemos villancicos, veremos películas, pasearemos en coche para ver las luces de Navidad, iremos a la misa de Navidad y comeremos mucho, sobre todo el día 25 cuando estarán los familiares de mi cuñado y algunos míos.

Los momentos con mis sobrinos Madison y E.J. son importantes, pues ellos me ayudan a recordar “what it is all about” – bailar, jugar, leer libros y reir a carcajadas. Mi sobrina, Madison, es una niña bailarina, y me fascina verla bailar. Seguramente bailaremos juntos, no una vez, sino muchas veces, no sólo en la casa, sino también fuera. E.J., por otro lado, va a querer jugar con coches o nave cohetes y luchar, y cuando salgamos a un restaurante o al parque, él va a coquetear con meseras y señoritas. Los dos son niños amados, queridos y bendecidos. No sé si los dos vayan a querer leer libros con su “Uncle Jimmy” o dormirnos juntos en la cama, pero en todo caso habrá momentos cuando todo en la casa estará en calma y todo será brillante (“all is calm, all is bright”).

Quizá este sea el mejor regalo -- estar con los pequeños donde todo está en calma, todo es brillante. En la profundidad de mi ser y, me imagino, también del tuyo querido lector, queremos creer que “all is calm, all is bright” y experimentarlo integral- y verdaderamente. Es difícil creerlo porque sabemos que no todo en Morelia, ni el mundo, ni en la familia, ni en nuestra interioridad está en calma. Sin embargo, a pesar de las broncas, tristezas y decepciones, y a pesar de la rutina diaria en la escuela, en el trabajo y en la casa, queremos creer que el universo es amable, que alguien nos ama y que nuestro nombre está escrito en un lugar especial. Queremos creer que somos capaces de dar a luz una palabra buena y unos actos de misericordia que pueden cambiar la historia y la “her-storia.” Queremos creer que estamos embarazados, es decir capaces de participar en el parto cósmico, el abrazo cósmico y el amor cósmico. En el discurso de Diotima sobre el amor (eros), en El Banquete de Platón, hay un reverso extraño entre el embarazo (el efecto) y el deseo de reproducir (la causa): “All of us, Socrates, are pregnant in body and soul, and, as soon as we come to a certain age, we naturally desire to give birth” (El Banquete, 206c).

¿Realmente estoy embarazado? Me pregunto: “¿Cómo me embaracé? ¿Quién será la madre del bebé?” No lo entiendo, pero en la fe que sobrepasa la comprensión, canto con María: “Celebra todo mi ser la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios que me salva. Porque quiso mirar la condición humilde de su esclava.” (Lucas 1:46-47)

Feliz Navidad mi querid@, que sigamos creciendo en estos días, y que cuando nos veamos de nuevo en enero del 2011 nos podamos encontrar y amar de nuevo, siempre por primera vez.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Me gustaría que hayan crecido

Hace unas semanas una amiga me comentó en Facebook algo que me ha hecho reflexionar. En “La identidad mexicana, la fantasía y el éxtasis” (ver este blog, jueves 21 de octubre) yo había escrito: “Como maestro es un reto básico cultivar una fantasía despierta y rica para poder ver a mis alumnos no como son ‘ahora,’ sino como serán en unos cinco o diez años.” Ella me respondió: “me gustaría que se hayan olvidado del 90% de lo que les enseñamos, tanto los padres como los maestros-as y que por fin piensen, sientan, vivan por sí mismos!!!”

¿Qué es lo que a mí me gustaría que hayan experimentado mis alumnos en los próximos diez años? Les comparto una respuesta…

Me gustaría que mis alumnos hayan crecido a ser críticos sin llegar a ser criticones, que hayan luchado por una consciencia histórica-dialéctica del descalabro de las instituciones educativas ligeras y rápidas actuales, irónicamente peor en el mundo “desarrollado” que en otros lados, pero con un plan de hacer cambios modestos para el mejoramiento de la situación. Espero que hayan logrado ver que esta consciencia y su plan de mejoras requieren de una paciencia, una humildad, una tolerancia y un arrepentimiento extraordinario, un arrepentimiento de la flojera, la indiferencia y nuestros sesgos dramáticos, individuales, grupales y generales (Insight, caps. 6-7).

Espero que a lo largo de los años que mis alumnos hayan podido asumir la responsabilidad descubrir e implementar una hermenéutica de sospecha y recuperación diferenciada, luminosa y extática. Espero que hayan entendido que no se puede descubrir y vivir tal hermenéutica sin hacer una hermenéutica de sospecha y recuperación de quien sé es “entre el bien y el mal,” por supuesto con paciencia, humildad y tolerancia. “We have met the enemy, and he is us.” (W. Kelly, 1953)

Espero que mis alumnos hayan tomado en cuenta que “el fin aparece a cada hombre [o mujer] según la forma de su carácter” sin volverse relativistas, y que hayan apropiado la “revolución hermenéutica” de Heidegger, Gadamer et al, que realmente es una recuperación de la pregunta ética y política de Aristóteles: “¿Cómo deberías vivir?” Espero que ellos hayan entendido que, mientras existen códigos de ética en muchas instituciones, constituciones políticas y declaraciones sobre los derechos humanos, que esos mismos códigos, constituciones y declaraciones no pueden interpretarse ni implementarse, que no existen estándares externos para guiar la interpretación e implementación de dichos documentos, pero que el pueblo está jodido si no viven en él sabias y sabios.

Espero que hayan reconocido la excelencia en algunos ámbitos, por ejemplo Rafael Nadal y Kim Clijsters en tenis, pero que hayan entendido que no existen estándares externos para identificar lo justo, lo bueno o lo bello (o lo injusto, lo malo y lo verdadero feo) en el ámbito socio-político-económico-cultural, y que nuestra única guía es nuestra añoranza, el deseo profundo de la felicidad, “la enchilada completa.” Como dice Hermine a Harry en novela Lobo Estepario: “Ah, Harry tenemos que tropezarnos con tanta mugre y banalidades, antes de poder llegar a casa. Y no tenemos a nadie quien nos guíe. Nuestra única guía es nuestra añoranza por el hogar.”

Es demasiado fácil decirle a mis alumnos: "No me hagan caso, y no hagan caso a su familia, ni a su religión, ni a sus tradiciones ni a la historia bastante compleja de México." Para mí esto sería soberbia, no humildad, que es la virtud que consiste en el autoconocimiento y la aceptación de mis propias limitaciones y debilidades, dones y fortalezas, y en obrar de acuerdo con este autoconocimiento y autoamor. La humildad es aterrizarme (“humildad” viene del latín humilitas y esta viene de la raíz griega humus que significa “tierra”) en el universo real, que es el cosmos gimiendo y sufriendo dolores de parto (véase Romanos 8:22-23) por billones de años. Suena fácil, pero no es tan sencillo… sería mucho más fácil implementar solamente una hermenéutica de sospecha, echar toda la culpa en Platón o Descartes (el “chillón” de los posmodernistas) y rechazar la difícil tarea de la recuperación diferenciada. En lugar de decir “no me hagan caso,” es mejor decirles a mis alumnos: “Tomen lo bueno, lo verdadero y lo bello de lo que he intentado enseñar; perdóname por todo lo demás.”

¿Cuál es mi esperanza para mis alumnos? Espero que a lo largo de su educación académica y no-académica (“Don’t let your schooling get in the way of your education.”), que ellos hayan crecido, hasta volverse unos extraños para consigo mismos. Espero que hayan escogido el camino no muy común de volverse en unas obras de literatura, historia, ciencia y filosofía, por medio de la autoapropiación más que la memorización y la regurgitación (ver “Correcto ¡ustedes son el libro!”). Espero que mis queridos alumnos, algunos de los cuales serán maestros y maestras en un futuro, que hayan llegado a entender que el amor deba de tener un lugar central dentro de las instituciones educativas, aún en las “ciencias duras.”


Espero que mis alumnos hayan podido creer que el encuentro entre dos, tres o veintitrés soledades “que se resguardan y se enlazan y se saludan la una a la otra” (R. Rilke) debe ser la norma en cada salón y cada asignatura, aunque su experiencia sea otra, y que puedan imaginar un futuro donde sea obvio, desde el kindergarten hasta el posgrado, tanto para los maestros como para los alumnos, que el autodescubrir, autoconocer y autoamar es el único “método” de aprendizaje: “Cuando se les enseña geometría [o historia, literatura, química- biológica, etc.] a los niños, uno está enseñándoles a los niños, niños… y la palabra niños puede reemplazarse con las palabras: adolescentes, adultos, maestros, y así sucesivamente.” (“Nota para Maestros y Estudiantes,” Introducción al Pensamiento Crítico). Confieso que el amor a veces no se nota en mi salón porque mi enfoque es otro; que también soy una víctima del “periodo axial,” el “largo ciclo de decadencia” y un ritmo acelerado para cubrir objetivos, temas y subtemas e inculcar competencias medibles.

Espero que mis alumnos se hayan dado cuenta de que, en el encuentro amoroso entre soledades, el chiste no es estar de acuerdo con James (Dios mío, ¡no!), Hegel, Nietzsche, Lonergan, Heidegger, Levinas, Morin, Ortega y Gasset (Dios mío, ¡puros hombres!), Aesara, Perictione (¿Quiénes son?), o quien sea, sino por un proceso luminoso y palatino, llegar a estar de acuerdo consigo mismo, y siendo un microcosmos, llegar a estar de acuerdo con el cosmos real gimiendo y sufriendo dolores de parto. Espero que mis alumnos no hayan identificado el estar de acuerdo consigo mismo con nuestra noción moderna (Machiavelli, Hobbes, Locke, Rousseau) de “mi voluntad” y “mi libertad” que vive en nuestra sangre, sino hayan logrado apropiar y vivir algo parecido a las palabras de Pablo: “Si un miembro sufre, todos sufren con él [o ella]; y si un miembro recibe honores, todos se alegran con él [o ella]” (I Corintios 12:26). Espero que hayan reconocido que el estar de acuerdo consigo mismo implica una solidaridad y una tolerancia masiva y mucho más allá de nuestra capacidad actual de fantasear.

Aún más, espero que mis queridos alumnos, tal vez en la privacidad de un diario, o en una charla con un buen amigo o una buena amiga, quizá después de unas copas de vino tinto, que hayan podido admitir el hecho es que no hayan estado de acuerdo consigo mismo, que nunca hayan sufrido dolores de parto (una noción bastante rara para nosotros hombres) y que no hayan experimentado de un “buen” llanto, grito, carcajada o orgasmo en mucho tiempo. Qué tal vez en la privacidad de un diario o en esa plática hayan podido admitir que quisieran correr, gritar, bailar, llorar, coquetear y abrazar con la espontaneidad e integralidad de un niño o una niña de tres años… que quisieran regresar a casa y verla por la primera vez.


[C]ada miembro, cada grupo, de hecho nuestra multitud y su gran peregrinaje es únicamente una ola dentro de la eterna corriente de seres humanos, de las eternas luchas del espíritu humano hacia el Oriente, hacia Casa. (H. Hesse, Viaje al Oriente, 1970, 12).

lunes, 15 de noviembre de 2010

Correcto, ¡ustedes son el libro!

Recuerdo con cariño mis días de maestro de inglés en la prepa, el semestre cuando convencí a la directora que me dejara enseñar sin libro alguno. Los lunes les decía a los alumnos “abran sus libros a la página 73.” Ellos me contestaban “pero James, ¡no tenemos libros!” Luego entonces yo les respondía: “Correcto, ¡ustedes son el libro!” En aquel mismo grupo no hubo un examen final, sino una actuación basada en un episodio de la serie “Friends.”

¿Qué significaría llegar a ser una obra, ser Arráncame la vida (Ángeles Mastretta), Madame Bovary (Flaubert), “Swan Lake” (Tchaikovsky), “The Starry Night” (Van Gogh), “El Secreto de sus Ojos” (película argentina-española) o El origen de las especies (Darwin)? La experiencia de volverse una obra sería segura, orgánica e inolvidable; extraordinariamente la obra (libro, canción, película, pintura) habría desaparecido, y el “examen final” no sería una regurgitación, sino una conversación interesante con otra persona que ha autodegustado la misma obra. “Esperamos que puedas comenzar a apreciar como la ‘autodegustación simbólica,’ no importando que sea lenta y humildemente, te apertura para los futuros ritmos de la educación” (capítulo 30 “Cine,” Introducción al Pensamiento Crítico).

“La conversación que somos” (F. Hölderin) es inmensa, tal vez infinita. Convertirnos poco a poco en esa conversación, este microcosmos que somos en potencia, es andar por un camino ancho y estrecho. El camino es ancho porque la conversación que somos es inmensa; el camino es estrecho porque es difícil, requiere un desplazamiento, tal vez una neurosis opcional (C. Jung) si las instituciones educativas, religiosas y socio-políticas realmente no están impulsándonos a crecer “en sabiduría, en edad y en gracia,” no están promoviendo el llegar a ser una obra.

Al final de la película “Fahrenheit 451,” los rebeldes, es decir los que no están de acuerdo con la práctica de quemar libros para mantener el bien de orden, viven aislados en un bosque, dónde cada persona se dedica a memorizar una obra. En la novela Un Mundo Feliz (A. Huxley), se preserva el bien de orden por medio de la droga soma, por medio de la producción y consumo de la diversión y por medio de intervenciones tecnológicas que hacen los ciudadanos tan “felices” que ellos se olvidan de la libertad.

De vez en cuando digo a mis queridos alumnos que estamos en medio de una revolución discreta. No nos preocupamos que bomberos lleguen a la casa para quemar nuestros libros, pero existen suficientes drogas, suficiente producción y consumo de la diversión insensata y ligera y suficiente tecnología para ahogar nuestro deseo de volvernos en una obra, que es el mismo deseo de convertirnos en la conversación que somos.


“Correcto, ¡ustedes son el libro!”

jueves, 21 de octubre de 2010

La identidad mexicana, la fantasía y el éxtasis

Panel de Identidad Mexicana Miércoles 13 de octubre de 2010 Café del Olmo, Centro Histórico

La semana pasada tuvo lugar un evento interesante y oportuno, “Panel de Identidad Mexicana,” en el cual participaron el Dr. Eduardo Di Pierro, Director de la Facultad de filosofía de la UMSNH, Alonso Torres Aburto, Director de la Facultad de Historia de la UMSNH, y Joel Torres Sánchez, Delegado de Escritores en Lenguas Indígenas, A. C. (Premio Estatal de Libro de Cuento Xavier Vargas Pardo 2008 con el libro de cuentos-novela La ciudad tiene la culpa y el Premio Estatal de libro de narrativa Ópera Prima 20). Les comenté a los alumnos LHCS que a mí me había gustado el evento debido al lugar (un café en el centro de Morelia, el cual se me hace adecuado por este tipo de eventos), por la diversidad de aportaciones y por el intercambio de humanistas que estudian y realizan investigación en diferentes instituciones educativas.


¿La identidad mexicana? Igual que la pregunta sobre la identidad alemana, española o estadounidense, me parece que el tema es bastante complejo. Diría que no existe tal cosa como una identidad “gringa” justo como no existe “el inglés” como idioma. En la materia de ética leemos el ensayo “La identidad y sus relaciones con el desarrollo moral” (Susana Patiño, Ética actual y profesional, capítulo 4, México: Thomson, 2006), en el cual la autora se refiere a tres componentes básicos dentro de la formación de la identidad: (1) los referentes culturales, (2) los procesos educativos y de socialización, (3) la interpretación individual. En la formación de la identidad, están mezclados los tres: los valores, las creencias, las costumbres y los símbolos importantes que, en parte, constituyen una cultura, se transmiten a través de los procesos educativos y de socialización. Después de la “revolución hermenéutica” del siglo XX (Heidegger, Gadamer, et al.) se reconoce la omnipresencia de la interpretación (ver el último párrafo de “El Chingón” en este blog).

Desde luego en el panel se suscitaron comentarios sobre algunas figuras destacadas en la historia de México (Benito Juárez y Miguel Hidalgo) que se enseñan a los alumnos en la escuela, y en cuyo proceso se corre el riesgo de mitificarlos. También Joel Torres afirmó que la identidad mexicana vive en los pueblos y, en el caso de Michoacán, en cuatro lenguajes indígenas autóctonas: otomí, náhuatl, purépecha y mazahua. Hasta cierto punto, en la medida que se pierde un lenguaje, también se pierde la identidad.

Al final del panel la maestra Doreen Vorndran planteó una pregunta que me hizo pensar: ¿Es la preocupación acerca de la identidad nacional un tema expirado? Entiendo su postura, pues igual que ella, nací en otro país y radico ahora aquí, en Morelia. Sin embargo el asunto de mi identidad como gringo-mexicano (NB: tengo doble nacionalidad y utilizo “gringo” porque no existe palabra adecuada para identificar a las personas que nacieron en los EEUU. “Americanos,” “Norte Americanos,” y “Estadounidenses” somos todos nosotros mexicanos también) va más allá de la enseñanza de la historia de los EEUU, la historia de México, y las lenguajes regionales. Para mí es un asunto de fantasía y de éxtasis.

Sabemos que la memorización de datos fríos no es la manera más adecuada para apreciar cualquier historia. Sabemos que una obsesión con el pasado no nos ayuda a ir adelante. Mientras hay esfuerzos de investigación orientados hacia el pasado, la futurología como tipo de investigación, que preguntarse de una manera seria qué es lo que debe hacerse en un periodo medio o largo de tiempo, queda bastante subdesarrollada. Lo que nos hace falta es la fantasía de leer la historia mejor de lo que era y leer el presente mejor de lo que es. Sin la fantasía para “recordar el futuro,” no tenemos a dónde ir. Dice el filósofo y sociólogo alemán Herbert Marcuse (1898-1979) "Sin la fantasía, todo conocimiento filosófico es presa del presente o pasado y separado del futuro, que es el único nexo entre la filosofía y la historia real del ser humano." Como maestro es un reto básico cultivar una fantasía despierta y rica no solo para leer Hegel o Heidegger “mejor de lo que eran,” sino también para ver a mis alumnos no como son “ahora,” sino como serán en unos cinco o diez años. ¿No representa esto el mismo reto de los papás de ver y “leer” a sus hijos mejor de lo qué son, aún con toda la historia de pequeños problemitas? ¿Y de qué manera lees tu propia historia, mi querido lector?


La lectura de la historia personal, nacional o mundial requiere una fantasía casi imposible. De algún modo, el maestro (¡yo!) y sus alumnos humanistas, tienen que sintonizarse con las melodías de la historia global. El alcance hacia el misterio debe volverse nuestro tono al contar nuestras historias. ¿Qué es lo que está sucediendo en Morelia, en México, en el mundo? La verdad, no lo sabemos, pero debemos esforzarnos para entender, y este esfuerzo debe realizarse en la esperanza de un éxtasis. Quizá puedas apreciar mejor este punto si piensas en la experiencia de escribir y luego “visitar” lo que has escrito en un diario. ¿Qué es lo que estaba pasando en la boda de mi mejor amiga el año pasado? ¿Qué es lo que estaba pasando cuando me mudé a Morelia en julio de 2001? En aquel entonces no tenía ni idea...

Casi todo en nuestra cultura “light” y educación exprés se opone contra ese extático agrandamiento. Casi, pero no todo. En varias cartas para mis queridos alumnos, he intentado fantasear con María de los Ángeles, una mujer sabia que vivirá en Jesús del Monte en 2110. (Ver “¿Por qué estudio la economía?” es este blog.) No me considero una persona con una fantasía muy animada, pero voy poco a poco. Es posible que María sea una de las personas más importante de mi vida salvaje y preciosa.