"Buenos días damas y caballeros, su misión, si eligieran aceptarla, es
procurar el crecimiento de Sophia. Deben
elegir a los miembros de su equipo…este mensaje se autodestruirá en cinco
segundos."[1]
I. La
Misión
Nuestra
misión es promover un etos de invitar a Sophia, a todas las niñas y a todos los
niños a auto-conocer, auto-degustar y auto-amar mientras aprenden la raíz
cuadrada de dos y otras maravillas.[2] Nuestra misión es el criar, amar y liberar a
Sophia y sus compañeros. Qué ellos y
ellas nos superen: “El verdadero discípulo es el que supera al maestro” (Aristóteles). ¡También la verdadera discípula!
¿Quién
será Sophia en unos cinco, diez o veinte años?
No lo sabemos de antemano; igual que ella, lo vamos a descubrir yendo, en
el camino. Quizá en unos treinta años
ella sea otra Aesara,[3]
Hipatia,[4]
Marie Curie,[5]
Joan Robinson,[6]
Jane Jacobs[7]
o Pina Bausch.[8]
Tal vez en unos cincuenta años ella sea
la “Andrea Wiles” del doctorado en Política, Gobernabilidad y Políticas
Públicas (PGPP).[9]
Es decir, su manera de concebir e implementar las políticas públicas en Michoacán incluirá la capacidad de manejar heurísticas más complejas que los símbolos
magníficos de Andrew Wiles.[10] Tal vez en 2082 ella será la primera María de
los Angelitos.[11] Espero que sí.
Además
nuestra misión es superar el mito de los ojos,[12]
vivir en la noche oscura y dichosa, llevarnos a momentos gozosos y liberadores
de un “¡Wow!” y rescatarnos a nosotros mismos de un ritmo de vivir
deshumanizante y generalmente peor en el “primer mundo” que en los otros
países.[13]
Todo
eso suena abrumador y agobiante, y efectivamente así es. ¿Cómo podemos comenzar a entender el horror
implícito en la expresión “la situación social se deteriora de manera
acumulativa” en el ciclo amplio de la decadencia?[14] Somos varios los actores
involucrados – mamá y papá, abuelos y abuelas, tíos y tías, niñeras, maestros y
maestras en kindergarten, primaria y secundaria, administrativos, maestros de
los “extracurriculares” (el baile, el teatro, la pintura), tal vez psicólogos,
pastor o pastora, et al. Cada quien
puede hacer solamente su parte pequeña para darle un beso a la princesa Sophia. La responsabilidad de buscar el tesoro
escondido[15]
dentro de y emergente en esta princesa, identificar sus potencialidades,
capacidades y recursos y, al mismo tiempo, crear las oportunidades para que
ella se desarrolle es de todos los actores.
Evidentemente
vamos a fracasar a pesar de nuestras mejores intenciones y la buena
voluntad. No es necesario creer en un
“pecado original” para notar que todos tenemos cargas, sesgos, prejuicios y
otros “pedos.” Ni modo: que hagamos
nuestro mejor esfuerzo para criar la princesa Sophia; y que tengamos la
humildad para arrepentirnos frecuentemente, estimar al bufón aunque muchas instituciones
en nuestra sociedad no lo hacen, y esperar hasta que al final ella se vaya
volando.[16]
Un
sesgo o aberración general es usar, a la brava, palabras como “la realidad,” “la
ciencia,” “los valores” y “la complejidad.”
Para mí estas palabras son nombres que puedo pronunciar como un
chango-hablante,[17]
pero volverme en un maestro zen de estas palabras representa un plan de vida. La cuestión es si podemos, de algún modo u
otro, aceptar que hay problemas “filosóficos” cuyas soluciones nos lleve diez o
veinte años encontrar. ¿De dónde viene
nuestra prisa, sin mencionar nuestra soberbia?
En la física, la ciencia más sencilla, “si entras
por equivocación a una clase de tercero en la facultad, te superará en seguida
el nivel de enseñanza. Sin embargo, esto
no sucede en el ámbito general de la filosofía,”[18]
ni en las ciencias no básicas en las cuales hablamos de la realidad y los
valores como si fueran más sencillos que los números, el
espacio y el tiempo.
El
historiador Herbert Butterfield dice que la revolución científica “supera todo
desde la ascensión del cristianismo y reduce el Renacimiento y la Reforma al
rango de simples episodios menores, meros desplazamientos dentro del sistema
del cristianismo medieval.”[19] Tal vez no estás de acuerdo con Butterfield, sospeches
una “lógica cientificista” y creas que la solución a las barbaridades creadas
por la ciencia moderna sería vivir en el Lebenswelt (el mundo popular y sin diferenciación). Está bien, tienes muchos amigos.
Lo que
no está bien es la carencia en la formación educativa de lo que me permitiría
estar o no estar de acuerdo. Es decir,
si mi horizonte no incluye una experiencia y apropiación de la praxis fenomenológicamente
verificable de resolver problemas aparentemente triviales, realmente no me será
posible saber si la derivada puede servir para resolver problemas
concretos.
Se
puede admirar el Modelo Estándar que hace posible la colaboración en CERN[20]
y el uso de símbolos sin ser capaces de entenderlos. Si en lugar de admiración sentimos
resentimiento hacia la
colaboración, puede ser que las instituciones educativas – desde kindergarten
hasta la universidad – no estén cumpliendo su función. Puede ser que ellas estén engañándonos con una
oferta del aprendizaje rápido: mapas conceptuales hechos en una hora en equipo,
textos que empiezan con “conceptos básicos,” clases en las cuales el maestro
muestra una o dos definiciones clave en una
diapositiva, las muchas técnicas didácticas (entre ellas la más común es la memorización)
y el esfuerzo insano de acumular evidencias de que los alumnos “tienen” cinco o
diez competencias.
No
estoy diciendo que la ciencia y la tecnología sean o deberían ser una religión,
ni estoy negando la posibilidad de crear monstruos capaces de hacer la vida
humana miserable (Frankenstein). Más
bien estoy diciendo que no hay manera de volver a vivir en el siglo XIII. Sin teoría no hay tecnología, ni en la luna
ni en la casa. Sin la electrónica no hay
celulares, laptops, o i-pads. Cuándo te
sientes pésimo, ¿vas con el mecánico o con el médico? Un familiar o amigo puede sentarse para
escucharme y acompañarme si estoy enfermo; el médico tiene otro rol… ¡a menos
que sea Patch Adams!
II.
Cabezas Vacías Anónimas y Comunidades Bases de “¿Huh?...¡Wow!”
Hola, mi nombre es
James, y soy adicto al citar a las autoridades – Lonergan, Morin, Piaget, Kant,
Aquino, Kuhn, Goethe, Nietzsche, Heidegger, Bertalanffy, Butterfield et al –
pero mi cabeza está vacía y la verdad es que no sé nada, ni sé quién soy. Solamente sé que el corazón arde.
No
podemos dar lo que no tenemos. [21] No podemos invitar a la princesa Sophia y sus
compañeras y compañeros a crecer, bailar, imaginar y amar a ellos mismos mientras
están aprendiendo la raíz cuadrada de dos y otras maravillas si nosotros mismos
no hemos crecido, bailado, imaginado y amado a nosotros mismos. En gran medida dicha auto-apropiación mutua
va en contra de la educación rápida y pragmática de nuestras instituciones
educativas.
En las reuniones
de Cabezas Vacías Anónimas (CVA),[22]
igual que en Alcohólicos Anónimos (AA), existen la honestidad y el
reconocimiento de que el problema es más grande que yo, que solito nadie va a
poder superar su adicción, pero se podrá con el apoyo de la comunidad. También se reconoce que es mejor atacar los
problemas grandes empezando con los problemas más pequeños. El mejoramiento normalmente no es un gran
salto a la perfección o a la santidad, sino un cambio humilde y oportuno.
Lo
importante es crear una comunidad base donde “¿huh?” y “¿qué?” y “¡wow!”
ocurran y recurran. El problema, nuestro
problema -- "Alguien está quitando / una pregunta de un signo interrogatorio // pregunta que pintó el cuerpo entero, /
pregunta con una cara oculta, pegunta que lloró"[23] -- no lo hemos
creado. Por lo tanto, la transformación
de la Babel de nuestro tiempo nos exige una paciencia histórica[24]
y una disciplina heroica de abrazar un lento y perseverante proceso de
acumular pequeños “¡wows!” y, poco a poco, volvernos en buenos no-discípulos. Con el apoyo de la comunidad base, la
pregunta devuelve a pintar el cuerpo y, a la vez, se gana la confianza para subir la escena
y compartir un monólogo.
Allí estoy, en
la escena sin guardarropa y sin accesorios, sin ninguna rúbrica, sin texto, sin
un caso o un dilema ético. Soy el texto
y la rúbrica, y estoy contando, tal vez cantando, tal vez llorando, el “dilema
ético” que es mi vida: ¿Qué he hecho, que estoy haciendo y que voy a hacer con
mi vida preciosa, única y salvaje? Si
me atrevo a hablar de “la realidad” o “los valores,” será autobiográficamente,
y con muchos detalles de los días, meses y años gastados y disfrutados en acumular una serie de pequeños actos de intelección.
Qué
espantoso, ¿no? Lo siento, tales
monólogos desnudos serán las fundaciones de las ciencias básicas y no tan
básicas en un futuro. ¿Qué tan
futuro? ¡Ay de mi, depende de como te va
leyendo el libro de ti mismo en la oscuridad de la historia! Es decir, depende de tu monólogo.
Si piensas
que mi postura es demasiado fumada, y quieres algunas 'autoridades' para justificarla,
puedes leer “Reason: The Classic Experience” por Eric Voegelin, en particular
su discusión de nuestra psicopatología como hijos e hijas de Hobbes, Hegel,
Marx, Heidegger, Sartre y Levi-Strauss.[25]
Igual, podrías leer la descripción
espantosa de las implicaciones del ciclo amplio de decadencia en capítulo 7 de Insight.
No obstante, recuérdenos que estoy hablando de una fundación autobiográfica. En la juntas de CVA, así como
en las juntas de AA, no se tolera el discurso indirecto (in oratione obliqua) de lo que dice Voegelin o Lonergan sobre nuestra
psicopatología, sino se exige un discurso directo (in oratione recta) y un testimonio personal. “De la forma que he querido / y a pesar de lo
que digan / cuesta arriba / te voy a contar mi vida.” [26] Hay que mirar lo interior y
contar mi vida.
Después
de Ludwig Wittgenstein (1889-1951), es casi un hecho que los filósofos y otros académicos
interpreten “introspección” como Descartes: ver adentro.[27] Pero el asunto de ayudar a la princesa Sophia
a auto-apropiar va más allá del mito de los ojos en la filosofía de
Wittgenstein, más allá de las fantasmas
de Descartes, Hume, Kant y Marx en los cinco paradigmas y sus epistemologías
“modernas” que examiné en “La Moda y la Misión” parte 1, y más allá de las críticas
de parte de los “post-modernistas,” “post-humanistas,” “post-burguesitos,”
“post-feministas,” “post-liberales,” “post-historicistas,” “post-cristianismos”
et al.[28]
“Abrocha
tu cinturón Dorothy, porque Kansas se desvanece.”[29]
Una
cosa es estar triste; y otra cosa, notar que estás triste, nombrar el estado,
quizá buscar alguien que te pueda ayudar a identificar la causa y buscar una
solución. Una cosa es estar enamorado; y
otra cosa, notarlo, nombrarlo y expresarlo, tal vez sorprenderla con chocolates
y una botella de un buen vino tinto. En
los dos casos la razón por la cual podemos notar, nombrar y expresar es el
hecho de que estar triste o enamorado son condiciones conscientes, y por lo
tanto podemos hacer una introspección, o auto-apropiación.
El reto es vivir integralmente[30]
– compra los chocolates para ella, habla con una amiga o un terapeuta a
cerca de los monstros,[31]
toma un buen sabático para recordar y apropiar lo que pasó a tu misma
Helen Keller[32]--,
sospechar socráticamente que no sabemos de qué estamos hablando y cerrar paulatinamente
la brecha entre el hablar espontáneamente de “la realidad,” “los valores” y “la
complejidad” y hablar como un maestro o una maestra zen. La brecha existe no porque seamos estúpidos,
sino porque somos seres humanos.
Recordemos
que todavía estamos pensando cariñosamente en Sophia, en como criar y amarla; y
notemos que el contexto de la auto-apropiación, en la casa, la escuela, o el monasterio, es la amistad. El problema del
puente – si debemos empezar con objetos ya-allí-afuera, con
sujetos ya-aquí-adentro, o con ambos a la vez -- tiende a desvanecerse cuando nuestra
meditación y acción recaen en la amistad, “la situación interpersonal, el
intercambio psíquico de la presencia mutua, en los inicios de lo que puede
resultar una unión de toda la vida.”[33]
"Buenos
días, damas y caballeros. Nuestra misión, si eligiéramos aceptarla, es procurar el
crecimiento de Sophia..."
Aesara vivió entre el 300 y
100 a.C. Escribió la obra Libro sobre la
naturaleza humana, de la
cual sólo sobreviven algunas partes.
[25] Eric, Voegelin, “Reason: The Classic
Experience.” The
Southern Review, (10), 1974, 237-264.
¿Qué pasó con Helen? ¿Qué nos pasó a
nosotros cuando éramos infantes y por primera vez empezamos a hacer
gestos? Las preguntas son diferentes
porque la experiencia de Helen fue inesperada, sorprendente y fundamental,
mientras la pregunta “¿Qué me pasó cuando era un infante?” es acerca de una
experiencia inesperada, sorprendente y fundamental. Véase el apéndice B “¡Aguas!” de James Gerard
Duffy, “¿Dónde y Cómo Comienza el Comienzo?”